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Devocional Diario — Biblia para Vivir
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vuestro Padre celestial. Mateo 6:14 (RVR1960)
Jesús vino a reconciliar todas las cosas. No solo al hombre con Dios, sino al hombre con el hombre. En la cruz cargó todo lo que nos separaba, y de ese perdón nació algo que pocos dimensionan: nos dio a nosotros el mismo ministerio. El ministerio de la reconciliación (2 Corintios 5:18-19). Ya no somos simples receptores del perdón. Somos portadores de él.
Brian Tracy, en su libro Million Dollar Habits, afirma que hay cuatro personas que debemos perdonar si queremos transformar nuestra vida, y la primera de todas son nuestros padres. No es casualidad que lo diga un experto en desarrollo humano: la mayoría de nuestros problemas personales tienen raíz en que no hemos perdonado a quienes nos dieron la vida. Perdónelos.
No espere a sentirlo. No diga "es que no soy hipócrita, no lo siento". Antes de sentir cualquier cosa, siempre hay una decisión. Si quiere sentir el perdón, tome la decisión de perdonar. A otros y a usted mismo. Los sentimientos surgen después de la decisión, no antes. Dios ya lo hizo por usted, y si usted ha confesado su pecado, él es fiel y justo para perdonar y limpiar todo (1 Juan 1:9). Y si ha causado un daño, busque a esa persona. Jesús fue claro: deja tu ofrenda y ve primero a reconciliarte (Mateo 5:23-24).
Inténtelo cada día. No tiene que ser perfecto, tiene que ser sincero. Porque quien no perdona no puede ser perdonado. Esta es la realidad del reino que Jesús mismo dejó dicho sin rodeos (Mateo 6:15).
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Oremos: Padre, fuiste el primero en reconciliarte con nosotros en Cristo. Hoy elijo hacer lo mismo. Hay heridas que duelen y personas difíciles de soltar, pero decido perdonar porque tú me perdonaste primero. Ayúdame a buscar a quien he ofendido y a recibirme a mí mismo con la misma misericordia con que tú me recibes. En el nombre de Jesús, amén.
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