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Devocional Diario — Biblia para Vivir
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Proverbios 4:23 (RVR1960)
Don Ramiro estaba cortando un hermoso árbol de mango. No podía creerlo. Estaba cargado de fruto, frondoso, perfectamente sano al ojo inexperto. Me atreví y le pregunté: «¿Qué está haciendo?» Tomó su tiempo, terminó de derribarlo y respondió: «Nada de él sirve. Está podrido por dentro».*
Corté al menos una docena de mangos para confirmarlo. Cada uno negro por dentro, unos más otros un poco menos. Aquel árbol estaba enfermo desde sus entrañas. Eran siete árboles hermanos, sembrados al mismo tiempo, en el mismo suelo, bajo el mismo sol. Los otros seis estaban perfectamente sanos. Solo ese había muerto por dentro sin que nadie lo notara.
Por fuera todo perfecto. Por dentro todo perdido.
Jesús dijo: lo que contamina al hombre no viene de afuera, sino de adentro. Del corazón salen los malos pensamientos, las palabras que destruyen, las decisiones que dañan (Mateo 15:18-19). No es la apariencia lo que Dios mira. Nunca lo fue. Cuando todos veían a un guerrero en Isaí, Dios veía a David. Porque el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón (1 Samuel 16:7).
¿Cómo se guarda el corazón? Cuidando lo que entra. Lo que ves, lo que escuchas, lo que permites, lo que alimentas en silencio. La Palabra de Dios es el mejor guardián (Salmos 119:11). Y cuando el corazón ya está dañado, todavía hay salida. David lo sabía: crea en mí, oh Dios, un corazón limpio (Salmos 51:10).
¿Cómo está tu corazón hoy? ¿Qué hay adentro que nadie más puede ver? No esperes a ser irrecuperable. Guarda tu corazón. Todavía estás a tiempo.
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Oremos: Padre, tú ves lo que nadie más ve. Conoces lo que hay en mi corazón mejor que yo mismo. Hoy te pido que lo examines, que limpies lo que está negro, que restaures lo que está dañado. Quiero ser sano por dentro, no solo presentable por fuera. Crea en mí un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí. En el nombre de Jesús, amén.
* La enfermedad es la antracnosis, causada por el hongo Colletotrichum gloeosporioides. Penetra el árbol desde adentro destruyendo la pulpa mientras el exterior luce completamente sano. Es irrecuperable en estado avanzado.
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