Ene 27: Vanidad espiritual

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A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. (Lucas 18:9-13, RVR1960)

Hay actitudes que nos caen mal al instante: el que siempre habla de sus logros, el que corrige a todos o aquel que hace sentir pequeños a los demás. En la iglesia también pasa: gente que presume cuánto ayuna o cuánto da. Eso es vanidad espiritual.

Jesús contó esta parábola pensando precisamente en esas personas que confían tanto en sí mismas y que suelen menospreciar a otros. El fariseo hacía cosas correctas: oraba, ayunaba, daba diezmos; pero oraba consigo mismo; al compararse, humillaba a los demás. En cambio, el publicano(1) no tenía ningún mérito ante Dios: no se atrevía ni a levantar los ojos, solo se golpeaba el pecho y pedía misericordia.

A los ojos del cielo, aquel que parecía fuerte estaba vacío; y aquel que se reconoció indigno ante Dios, salió justificado.

¿Y esto cómo aplica a usted y a mí? ¿Queremos demostrar lo que no somos a otros o reconocemos que estamos necesitados de Dios?

Dios no busca gente que se sienta superior por lo que sabe, por lo que hace o por el lugar que ocupa en la familia, en su empleo o en su iglesia. Dios se agrada del corazón que no maquilla su necesidad, que reconoce su pecado y entiende que todo se lo debe a Él.

La verdad es que no debemos aparentar ser "superhombres", sino hombres y mujeres necesitados cada día más de Dios. Es por lo que muchos de nosotros necesitamos tratar tanto con nuestro carácter soberbio y nuestro temperamento controlador.

Dios nos dice: dejen su pedestal interior, dejen de compararse o tratar de controlar a los demás, y sean más como el publicano: “Dios, sé propicio a mí, pecador”. ¿Cómo lo diría hoy? ¡Dios mío, soy pecador, perdóname!

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Oremos: Señor, líbrame de la vanidad espiritual que critico en otros y que muchas veces no veo en mí. Perdóname por confiar en mis obras, en mi conocimiento o en mi servicio, y mirar por encima del hombro a los demás. Enséñame a venir a ti como el publicano: con un corazón sencillo, quebrantado y consciente de que dependo solo de tu misericordia. Que todo lo que haga para ti nazca de la gratitud y de la humildad, no del deseo de sentirme superior. Amén.

(1) El publicano era un judío que cobraba los impuestos de Roma; por eso su propio pueblo lo consideraba un traidor.
Pastor Roger Casco

Junto a mi esposa tenemos el privilegio de ser sus siervos, confiados plenamente en la obra de Cristo Jesús que transforma vidas. Después de pastorear dos iglesias, en 2022 plantamos una más, la Iglesia Bíblica Rey de Gracia (IBRG) en una pequeña aldea en las afueras de la ciudad de Tegucigalpa, Honduras. Dios nos ha regalado una hermosa familia de la fe y consiervos dinámicos sin los cuales no sería posible. He sido misionero en Honduras y peregrino en Israel. Escribí el libro “Su NOMBRE: ¿Jesús o Yeshúa?”, reconocido por LOGOS como una joya de erudición apologética, y soy papá de dos maravillosos hijos, entusiasta de las tecnologías y el ajedrez. email facebook instagram external-link

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"Sea vuestra palabra siempre con gracia" - Colosenses 4:6 RVR60

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