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Devocional Diario Biblia para vivir
Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. (Juan 21:7, RVR1960)
Vivir la vida es llegar a momentos como este. O sigues en la comodidad que la barca te ofrece, o te lanzas contra todo. Muchas veces nos quedamos atrapados en preguntas que solo alargan la indecisión: ¿será el momento?, ¿y si me equivoco?
Pedro se atrevió al ver a Jesús desde lejos. Se ciñó la ropa para que nada le estorbara y se lanzó al agua. No era el discípulo perfecto, pero tomó la decisión correcta: ir a Él.
¿Ya te decidiste realmente por Jesús? Él está esperando que tomes una decisión radical para incluirte en su agenda divina. Me atrevo a decir esto: necesitamos dejar que nuestras emociones por Él fluyan; no siempre parecerán lógicas, pero siempre valdrán la pena. ¿Por qué? Porque nadie puede decidir por ti; tu relación con Jesús no depende de otros, de sus opiniones, ni del qué dirán. Solo existe un responsable de la visión que tienes: tú.
Todos los que amamos a Jesús alguna vez tendremos que dar un salto de obediencia; llegará un punto en el que ya no importará el miedo, solo la obediencia. Entonces, ¿en qué momento estás de tu vida?, ¿te quedarás mirando desde la barca o saltarás hacia Él?
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Oremos: Señor Jesús, perdóname por quedarme tantas veces en la barca de la comodidad y del miedo. Dejando mi responsabilidad de decidir y excusarme en las opiniones de los demás. Hoy quiero decidirme por ti, quiero atreverme por ti, aunque no tenga todas las respuestas. Quita lo que estorba, afirma mi fe y ayúdame a dar los saltos de obediencia que me acerquen más a ti. Amén.
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