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Existen círculos cristianos cuyo dogma teológico es que es imposible recibir una profecía moderna porque no existen los profetas; según ellos, este ministerio cesó. Debo decirlo: yo mismo he sido un instrumento de lo opuesto.
Recientemente, escuché a la Dra. Diana Walsh Pasulka, Ph. D. en Religiones, quien ha documentado cómo algunos movimientos cristianos han abandonado la creencia en lo sobrenatural (profecía, sanidades, milagros, lenguas espirituales e interpretaciones, encuentros con inteligencias no humanas conocidas como ángeles o demonios) y tienden a "secularizar su fe": mantienen la ética cristiana, pero vacían el contenido milagroso para encajar en un marco ateo o escéptico.
Tanto a ella como a mí nos parece impresionante que leen la Biblia, creen en Dios, en el Hijo de Dios, en el nacimiento virginal, la muerte, resurrección y ascensión... pero no creen lo que la misma Biblia afirma sobre los dones espirituales. Yo no tengo duda alguna, las profecías y los profetas no han cesado y es demostrable bíblicamente, históricamente y misiológicamente.
Sin embargo, recibir una profecía personal —creas o no— tiene enormes complejidades espirituales donde sólo la meditación en la Palabra de Dios, la comunión con el Espíritu Santo y el consejo oportuno de un creyente maduro en el tema, pueden ayudar a discernir dicha profecía moderna.
Cualquiera puede decir: "así dice el Señor", sea por motivación emocional sin querer errar, por adivinación o por oficio profético. Decirlo no lo hace cierto. Este es el temor que todos tenemos: dejarse guiar por una palabra que no proviene de Dios, sino de la emoción o lo diabólico.
La Biblia no deja lagunas con este tema: da criterios concretos y los aborda de maneras sencillas hasta complejas, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento.
Como ministro profético, desde que comencé a experimentar estás experiencias espirituales hasta hoy, mi mayor interés ha sido ser educado por los mismos profetas bíblicos, y he sido entrenado por mentores ministeriales que me han permitido aprender lo que está escrito: "los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas" (1 Cor 14:29-32).
Aquí te comparto seis claves —y su complejidad— para que las consideres si recibes una palabra profética personal moderna:
1. ¿Si la Profecía no se cumple, no es de Dios... ? ¿y si se cumple y es herética?
El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él. (Deuteronomio 18:20-22, RVR1960)
Es un criterio objetivo, medible, sin ambigüedad. Si alguien predice algo "de parte de Dios" y no ocurre, ya tienes tu respuesta. Solo hace falta esperar y observar.
Pero no podemos detenernos aquí. Hay algo más complejo: ¿y si la profecía sí se cumple pero es doctrinalmente falsa? Aquí la Biblia da un giro que sorprende a muchos.
Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma. (Deuteronomio 13:1-3, RVR1960)
Dios advierte que puede permitir que señales proféticas se cumplan con el propósito de probar a su pueblo. Una palabra que se cumple con exactitud no es garantía de nada si el mensaje aparta de Dios y de su Evangelio. La pregunta no es solo "¿pasó lo que dijo?" sino "¿hacia dónde te lleva lo que profetizó?".
Deuteronomio 13:4-5 (RVR1960) En pos de Jehová vuestro Dios andaréis, y a él temeréis, y guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz, y a él serviréis, y a él seguiréis. 5 Y tal profeta o soñador de sueños ha de morir; por cuanto habló rebelión contra Jehová vuestro Dios que os sacó de la tierra de Egipto y os rescató de casa de servidumbre, para apartarte del camino en que Jehová tu Dios te mandó que anduvieses; y quitarás el mal de en medio de ti.
No puedo saltar esta clave sin un matiz crucial: no todas las profecías bíblicas son incondicionales. Muchas son condicionales, es decir, su cumplimiento depende de la respuesta humana (obediencia, arrepentimiento, fe).
Ejemplos:
*Jonás 3:4 "Aún cuarenta días, y Nínive será destruida". La ciudad se arrepintió y Dios no ejecutó el juicio. La profecía era real, pero condicional al arrepentimiento.
*Jeremías 18:7–10: Dios declara que puede cambiar de parecer sobre una nación si esta se arrepiente o se rebela. La profecía se ajusta a la respuesta del pueblo.
*Éxodo 32:14: "Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que haría a su pueblo, y no lo hizo", tras la intercesión de Moisés. Esto significa que una profecía que ‘no se cumple’ no siempre indica falsedad; puede ser que la condición no se satisfizo o que Dios, en su misericordia, suspendió el juicio anunciado.
Otro matiz igual de importante: hay profecías de largo plazo que no se cumplieron en la vida del profeta, pero se cumplieron décadas, siglos o milenios después. Eso no los hace falsos.
Ejemplos:
Isaías profetizó sobre la venida del Mesías, la restauración de Israel y el juicio de naciones. Muchas de esas palabras se cumplieron siglos después de su muerte.
Jeremías anunció los 70 años de cautiverio babilónico (Jeremías 25:11–12; 29:10), pero él murió antes de ver el cumplimiento total.
Daniel recibió visiones sobre imperios futuros (Babilonia, Persia, Grecia, Roma) y eventos del fin de los tiempos que se cumplieron mucho después de su vida, y otros aún están por cumplirse.
La clave no es ‘¿se cumplió en vida del profeta?’, sino ‘¿se cumplió en el tiempo y forma que Dios declaró?’. Las profecías verdaderas pueden tener cumplimiento inmediato, mediato o futuro”.
De remate, este es un matiz muy utilizado por los falsos profetas. La palabra de juicio no se cumplió porque usted cambió. En cierta oportunidad, un hombre me llamó preocupado para pedir consejo por una profecía personal que había recibido. Mientras iba a un viaje de trabajo un hombre le profetizó. Le dijo: "El Señor dice, aquí te envió como a Elías y la viuda a mi siervo para que lo bendigas. Sí tú no crees en esta profecía, entonces mostrarás tu incredulidad y tu esposa embarazada tendrá un hijo hidrocefálico".
¿Qué le parece ese matiz y manipulación? Por eso es importante conocer las Escrituras, porque ellas hablan del carácter de nuestro Dios. Esa era una palabra profética falsa y corrupta. Una amenaza para que ese hombre recibiera dinero, y el futuro papá sufriera una gran ansiedad previo al nacimiento de su hijo. Así es como operan los falsos profetas: convierten el miedo en dinero y la fe en chantaje.
2. La palabra profética integral tiene Edificación, Exhortación y Consuelo
Eso nos lleva al contenido y carácter de la profecía. El profeta Jeremías enfrentó a profetas que sonaban piadosos, hablaban con seguridad, y sin embargo su mensaje venía por parte de espíritus mentirosos. Dios le mostró la raíz del problema: esos profetas nunca habían estado realmente en su presencia. Hablaban desde su propia imaginación, no desde la boca de Dios.
16 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. 17 Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros. 18 Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó?... 21 No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban. 22 Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras. (Jeremías 23:16-18, 21-22, RVR1960)
1 Corintios 14:3–4 (RVR1960) 3 Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. 4 El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.
1 Reyes 22, el rey Acaba tenía 400s profetas que le aseguraban victoria en la guerra. Solo uno, Micaías, le dijo la verdad incómoda, y por eso terminó en la cárcel.
Ten presente esto, la grande mayoría de las veces recibirás una palabra de exhortación, pero sentirás el consuelo y la edificación que sólo puede provenir de Dios para cómo decírtela.
Los mensajes proféticos no son para humillarte en público. Salvo que seas un hereje o falso profeta.
El mensaje profético que nunca corrige, que nunca incómoda, que siempre promete bendición sin condición, encaja exactamente en el patrón que Jeremías denuncia. Una palabra profética moderna que sólo inspira, solo motiva o solo habla maravillas acerca de ti, puede ser falsa.
En cierta ocasión, estuve frente a una profetisa (en realidad, una creyente con espíritu de adivinación). Cuando me miró, afirmó: "Me muestra el Señor que la mano de Jehová te protege. No hay palabra profética personal para ti hoy". Tras darle "dinero". Antes de ir al evento, mientras oraba, Dios puso en mí un pensamiento constante: "dale dinero". Así que tras escucharla, le di dinero. ¿Y qué creen que ocurrió? me profetizó todas las maravillas inimaginables. Era una palabra tras otra de grandeza a más grandeza. ¡Fue toda una locura! Dios había expuesto ante mí la falsa profecía. Yo sabía.
3. Fruto del Testimonio: Vida de Fe y Santidad del Profeta
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. (Mateo 7:15-20, RVR1960)
La imagen es precisa: "vestidos de ovejas". No hablamos de alguien obviamente malvado, sino de alguien que aparenta ser, se viste, huele y suena exactamente como los demás creyentes. La única forma de distinguirlo no es su apariencia ni su discurso, sino su fruto: su carácter sostenido en el tiempo, su forma de tratar a las personas, la coherencia entre lo que predica y cómo vive.
Este criterio exige algo que los tres anteriores no exigían: tiempo. No se descubre en un sermón. Se descubre observando una vida.
Una vez conocí a alguien con un don de ciencia y profecía muy certero. Todo parecía estar en su lugar, hasta que le pregunté sobre su pastor y su esposa. Respondió:
"El Señor me dijo que sería un profeta como los del Antiguo Testamento: ermitaño y apartado del público. Por eso no tengo Iglesia ni pastor. El Espíritu Santo me dijo con voz audible que ningún pastor podría soportar el peso de gloria que Dios depositaría sobre mi vida. Y mi esposa es una mujer impía, hija de Satanás. Nunca creyó en mi llamado. Un día El Eterno me dijo que me divorciara de ella, porque me daría una sierva de Dios para potenciar internacionalmente el ministerio que ha puesto sobre mí como profeta a las naciones".
Jesús advierte:
Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. (Mateo 24:24, RVR1960)
4. Falsos Profetas son Ávaros y Codiciosos
Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. (2 Pedro 2:1-3, RVR1960)
"Por avaricia harán mercadería de vosotros". La palabra profética se convierte en producto de intercambio por dinero. Se cobra por ella, tal vez no oficialmente, pero existe una ofrenda sugerida que se ajusta según lo que el oyente está dispuesto a pagar por escuchar algo bueno sobre su futuro.
Pedro no dice que todo ministerio sostenido económicamente sea sospechoso —eso contradiría el principio bíblico de que quien predica el evangelio debe vivir del evangelio (1 Corintios 9:14)—. Dice algo distinto: cuando la ganancia se vuelve el motor del mensaje, y el mensaje se ajusta para maximizar esa ganancia, ahí hay una señal de alarma.
5. Falsos Profetas son Sensuales y Sexuales
Una vez me invitaron a un congreso apostólico y profético, de esos populares en América Latina. Una de las invitadas —de quien jamás había escuchado— investigué por Internet y en redes sociales, y casi me explota la cabeza: ya estando en el ministerio tenía dos matrimonios y dos divorcios, y seguía buscando ese siervo que Dios le ha prometido para potenciar su ministerio profético.
Los falsos profetas son sensuales y sexuales. Tienen algo 'profano' en medio de su testimonio. Son muy libertinos, y una de ellas es el área sexual. Inclusive mezclan espiritualidad con inmoralidad; la Biblia los describe como adúlteros espirituales que engañan al pueblo con halagos y deseos carnales.
Tuvieron ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón ejercitado en codicias. (2 Pedro 2:14, RVR1960)
6. Siempre prueba los Espíritus: La Confesión de Cristo
Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. (1 Juan 4:1-3, RVR1960)
Todo lo demás —predicciones, señales, carisma, éxito, incluso una vida moralmente ordenada— puede, en teoría, falsificarse o sostenerse por un tiempo. Lo que no se puede falsificar por mucho tiempo es la confesión correcta sobre Cristo. Un supuesto siervo que doctrinalmente está errado, que no reconoce la encarnación de Cristo por impactante y exacto que sea su palabra, queda inmediatamente expuesto como falso.
