Ago 31: Después de 48 Horas

Un devocional bíblico acerca del enojo y la falta de reconciliación
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Efesios 4:26-27 (RVR1960) — Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.

Nadie quiere enojarse. Mucho menos andar enojado todo el tiempo. Pero pasa, y casi siempre por una razón: una palabra que dolió, una promesa que se rompió, un trato que se sintió injusto. El problema no es que te enojes. El problema es qué haces cuando ocurre.

El apóstol Pablo estableció un límite concreto: un solo atardecer. No una semana para procesarlo, no "cuando se me pase". Un día. Porque pasadas las 48 horas sin reconciliarte, ya no cargas solo la ofensa original: cargas también una mente que ha perdido descanso, y eso no resuelve nada, lo duplica, lo triplica. Lo que empezó siendo un conflicto, ahora son varios problemas.

A veces tu enojo tiene toda la razón, y otras veces no. En ambos casos necesitas lo mismo: sabiduría.

Sabiduría para saber si debes hablar o callar, para elegir el momento correcto y no el impulso del momento, para medir tus palabras de modo que sanen y no hieran más de lo que ya estaba herido.

Lo que te da la madurez para tratarlo en privado, no en público. Porque cuando lo haces al revés, no podrás recoger lo que desparramaste, y cuando el enojo se enfríe, sentirás que fue innecesario y penoso.

Pablo aconseja que resuelvas rápido el enojo para impedir que el diablo se entrometa en la relación. Cada hora que dejas pasar sin reconciliarlo, es terreno que le cedes al enemigo. No importa si es tu cónyuge, tu hijo, un hermano de la iglesia o un amigo de años. El enojo que se acumula y la reconciliación que se posterga son, juntos, la puerta directa para que el destructor perjudique tus relaciones.

Cuando el enojo llegue, no lo tragues en silencio ni lo dejes fermentar. Dilo. Primero a Dios, con nombre propio y sin editar lo que sientes, porque Él ya lo sabe y quiere tu corazón. Pero no te quedes solo ahí: díselo también a la persona, en privado, cara a cara. Habla antes de que el sol se ponga, aunque la conversación sea incómoda, aunque tengas que buscarla. Reconciliar no es debilidad, es salud.

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Oremos: Señor, dame sabiduría para manejar este enojo, tenga o no razón. No quiero que pase el tiempo y siga acumulándose lo que siento. Dame valor para hablarlo, y que esta experiencia se convierta en madurez. Concédeme el encuentro con quien deba escucharlo a tiempo. Jesús, sé mi guía y fortaleza. Amén.
Pastor Roger Casco

Después de pastorear dos iglesias, en 2022 plantó la Iglesia Bíblica Rey de Gracia (IBRG) en una pequeña aldea en Honduras. Dios le ha permitido servir como misionero en Honduras y peregrinar Israel en 2008. Es autor del libro Su NOMBRE: ¿Jesús o Yeshúa?, reconocido por LOGOS como una joya de erudición apologética. paypallinkedinemailexternal-link

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