Jul 25: Antídoto contra la Ansiedad

Antídoto contra la Ansiedad, lo que la Biblia tiene que decirnos
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Devocional Diario: Biblia para Vivir

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. – Filipenses 4:5–7 (RVR1960)

No poder dormir o despertar con el pecho apretado antes de revisar el teléfono. La mente corre sin detenerse: cuentas, plazos, resultados médicos, conflictos que no se resuelven... La ansiedad no tiene un nombre claro; a veces es solo un ruido silencioso que cansa el alma.

Pablo escribió esta carta encadenado y en prisión, no desde su sofá preferido ni desde una iglesia que estaba plantando. Nunca minimiza el dolor; pero nos ofreció un camino saludable. El antídoto contra la ansiedad no es “no sentir nada”, sino aprender a llevarlo todo a Dios de un modo nuevo: La Oración.

La ansiedad suele encerrarnos en un monólogo interior infinito que alimenta los miedos y anula los soportes que tenemos. Pablo comparte de su experiencía una invitación a convertir ese monólogo en un diálogo con Dios: hacer conocidas nuestras peticiones “en toda oración y ruego, con acción de gracias”.

La acción de gracias no es dar gracias por el problema, tampoco se trata de negar la lucha; sino cambiar nuestra perspectiva. Acción de gracias por la fidelidad de Dios, inclinando nuestro corazón a reconocer que Él nos ha sostenido hasta hoy, que estuvo contigo ayer y que sigue cerca hoy.

La confianza a Dios es el mejor soporte para el corazón ansioso. La promesa no es que desaparezcan los problemas, sino que recibiremos una paz que “sobrepasa todo entendimiento”. Es una paz que no depende de que todo esté resuelto, sino de estar guardado “en Cristo Jesús”. Se protegen el corazón y los pensamientos, incluso cuando la tormenta sigue afuera.

Hoy, si notas que la ansiedad sube, no la disimules. Nómbrala delante de Dios. Convierte cada preocupación en una petición. Añade un “gracias, Señor, porque sé que tú…” aunque sea pequeño. Y quédate un momento en silencio, deja que esa paz desconcertante haga su trabajo en tu interior.

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Oremos: Señor Jesús, reconozco que mi corazón está agitado. [Nombra específicamente tu situación]. Te pido alivio, sabiduría y el paso siguiente que debo dar. Renuncio a que todo salga como yo quiero, necesito aprender a descansar en tu buena voluntad. Gracias porque sé que estás aquí. Guárdame de mí mismo. Amén.
Pastor Roger Casco

Después de pastorear dos iglesias, en 2022 plantó la Iglesia Bíblica Rey de Gracia (IBRG) en una pequeña aldea en Honduras. Dios le ha permitido servir como misionero en Honduras y peregrinar Israel en 2008. Es autor del libro Su NOMBRE: ¿Jesús o Yeshúa?, reconocido por LOGOS como una joya de erudición apologética. paypalemailexternal-link

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