“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. — Mateo 11:29-30 (RVR1960)
Hay momentos en que nos sentimos muy cansados, pese a que recién abrimos los ojos temprano por la mañana. Hay días en que no sabemos cómo responder ante la vida, sin experiencia, con el agua hasta el cuello, con miedo a no poder seguir adelante o sin saber cuándo detenernos. Por eso Jesús, te dice hoy “Llevad mi yugo sobre vosotros”.
En el campo, cuando se entrenaba a un buey nuevo, no lo ponían solo al arado. Lo unían a un buey viejo y fuerte, con experiencia, que ya conocía el camino, sabía distribuir la fuerza y mantener el surco derecho. La madera del yugo conectaba a ambos, y el buey maduro cargaba la mayor parte del peso, mientras guiaba al joven, lo protegía y le enseñaba con cada paso.
Jesús aprovecha esta imagen que todos entendían para decirles a ellos algo profundo. Unámonos a Él, sigámosle, por qué seguir sólos con nuestras cargas, podemos aprender de Él. Con mansedumbre nos enseña y comparte su fortaleza para acompañarnos en el camino de la vida.
¿Estás cansado y cargado? Su yugo no es un castigo, es un vínculo de compañía, enseñanza y fortaleza compartida. Cuando aprendemos a seguirlo, todo se vuelve más ligero. La carga no desaparece, pero se transforma cuando se comparte con el Hijo de Dios.
Hoy, si sientes que la carga te supera, recuerda:
- No estás atado a tu carga, estás atado a Cristo. El yugo te une a Él, no al peso.
- No tienes que saberlo todo. Él es tu guía fuerte y te sostiene en cada paso.
- No estás solo. Él es tu compañía en todo momento, por difícil que sea.
Permítele a Jesús ser tu compañero. Solo síguelo.
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Oremos: Señor Jesús, hoy entrego mi cansancio y mi miedo. Me uno a tu yugo, me uno a Ti. Sé tú mi fortaleza, mi compañía, mi maestro, mi sostén y mi guía. Gracias porque tú me sostienes. En tu nombre, amén.
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