Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. Proverbios 4:23 (RVR1960)
Cuando nos preparamos para salir de viaje somos muy cuidadosos. Apartamos la ropa que llevaremos, empacamos los artículos de aseo, revisamos el vehículo: comprobamos el nivel de aceite, los frenos, las llantas y el combustible. Calculamos el presupuesto, verificamos la ruta, la hora de salida y hasta el momento del regreso. Queremos que todo esté en perfecto estado para evitar contratiempos.
Pero, ¿hacemos lo mismo con nuestra alma?
Con frecuencia dedicamos tiempo al mantenimiento de nuestras pertenencias, nuestro trabajo, nuestra salud o nuestros proyectos, mientras descuidamos lo más importante: nuestra vida interior. Sin darnos cuenta, el corazón comienza a enfriarse porque se aleja del calor de la presencia de Dios. La oración pierde intensidad, la Biblia permanece cerrada por días, la adoración deja de emocionarnos y la comunión con el Señor se convierte en una rutina.
Ningún vehículo deja de funcionar de un momento a otro; el deterioro ocurre poco a poco por falta de mantenimiento. Lo mismo sucede con la vida espiritual. Un día sin oración parece insignificante. Una lectura bíblica menos no parece grave. Pero la suma de pequeñas negligencias termina alejándonos de Dios.
Por eso la Escritura nos exhorta: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón". Dios conoce que allí se originan nuestras decisiones, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones. Si el corazón está sano, la vida también lo estará.
Hoy es un buen día para detenernos y hacer una revisión espiritual. Pregúntate: ¿Cómo está mi comunión con Dios? ¿Sigo disfrutando su presencia? ¿Arde todavía en mí el primer amor? ¿Hay algo que necesita ser restaurado?
No esperes a quedarte detenido en el camino espiritual. Acércate nuevamente al Señor. Él sigue siendo el único que puede renovar el corazón cansado, restaurar el gozo perdido y encender otra vez el fuego de su Espíritu.
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Oremos: Padre celestial, gracias porque siempre estás dispuesto a restaurarme. Examina mi corazón y muéstrame aquello que necesita ser corregido. Aviva nuevamente mi pasión por tu Palabra, fortalece mi vida de oración y no permitas que mi alma se enfríe por alejarse de Ti. Quiero caminar cada día cerca de tu presencia. En el nombre de Jesús. Amén.
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