Mar 15: Atalaya

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Devocional Diario — Biblia para Vivir

A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Ezequiel 33:7 (RVR1960)

Imagínese vivir en una antigua ciudad amurallada. Sin Internet, sin televisión, sin radio, no hay alertas de emergencia, no hay notificaciones en el teléfono. Lo único que se interpone entre la seguridad de su familia y el ejército enemigo es un hombre parado en la torre más alta, con los ojos bien abiertos. Ese era el atalaya. Este no era un cargo decorativo. Era la diferencia entre vivir y morir.

El atalaya es un vigilante, y su palabra tenía un peso que hoy cuesta imaginar. Cuando él tocaba la trompeta o sonaba la campana, todos corrían sin preguntar. Nadie cuestionaba su voz porque su posición lo respaldaba. Era el faro en la costa, la alarma en la catástrofe, la única voz confiable cuando el peligro se acercaba.

Dios le advirtió al profeta Ezequiel, muy claramente que le demandaría la sangre de todos los caídos por su silencio (Ezequiel 33:6). No era opcional alertar para el atalaya, era su responsabilidad. Su silencio tenía un precio altísimo.

Sí es Jesús el Rey y Salvador de tu vida, eres uno de sus atalayas. Todos los que han recibido el evangelio de Cristo son atalayas espirituales. Tenemos la responsabilidad de alertar a los que están a nuestro alrededor acerca del plan de salvación. Hemos pasado de las tinieblas a su luz admirable. Tenemos la luz que alumbra el camino, como afirma el salmista: lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino (Salmos 119:105). Nosotros podemos ver cómo acecha el enemigo, cómo atacan los falsos profetas, cómo avanzan las falsas enseñanzas, cómo el pecado está destruyendo una vida, y tenemos la responsabilidad de denunciarlo. Pablo lo preguntó de manera directa: ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? (Romanos 10:14). Nosotros somos esa voz.

Al igual que los atalayas del ayer, nosotros no tenemos que medir las palabras de Jesús para caerle bien a todos. No tenemos que guardar silencio por miedo al rechazo, ni bajar la voz para no incomodar a nadie. Nuestro trabajo es hacer ruido, más que nadie. Denunciar el pecado no es odio. Llamar al impío a convertirse es el acto más amoroso que un cristiano puede hacer. Tu vecino, tu compañero de trabajo, tu familiar que todavía no conoce a Cristo, todos ellos necesitan escuchar lo que tú ya sabes.

¿Estás ocupando tu lugar como atalaya? El ejército enemigo no está jugando, y su líder anda buscando a quién devorar. Toca la trompeta.
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Oremos: Señor, gracias por confiarme tu evangelio. Hay momentos en que el silencio es más cómodo que hablar, pero hoy decido ocupar mi lugar. Dame valentía para advertir, sabiduría para hacerlo con amor y fidelidad para no callar cuando más importa. En el nombre de Jesús, amén.
Pastor Roger Casco

Después de pastorear dos iglesias, en 2022 plantó la Iglesia Bíblica Rey de Gracia (IBRG) en una pequeña aldea en Honduras. Dios le ha permitido servir como misionero en Honduras y peregrinar Israel en 2008. Es autor del libro Su NOMBRE: ¿Jesús o Yeshúa?, reconocido por LOGOS como una joya de erudición apologética. emailpaypalexternal-link

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