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Es una pregunta que suena razonable a primera vista: si Jesús guardó el sábado, ¿no deberíamos imitarle en eso también? ¿por qué los cristianos no guardan el sábado como lo hizo Jesús? La lógica parece sólida. Pero, hay un principio hermenéutico fundamental que esta pregunta pasa por alto, y entenderlo cambia todo.
Jesús nació, creció, vivió y murió siendo judío, por lo que fue necesario vivir bajo la ley y la cumplió. Nuestra historia comienza después de su resurrección.
Esa distinción no es un detalle menor. Es la línea que divide dos pactos, dos eras y dos formas completamente diferentes de relacionarse con Dios.
Pablo lo escribe sin rodeos: "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley" (Gálatas 4:4, RVR1960).
Jesús no guardó el sábado porque fuera la norma eterna para toda la humanidad. Lo guardó porque nació judío, bajo el pacto mosaico, en la dispensación que ese pacto gobernaba. Vivió la ley desde adentro para poder cumplirla desde adentro. Su obediencia perfecta a la ley no fue un modelo de conducta cristiana; fue la condición necesaria para ser el sacrificio sin mancha que el sistema mismo exigía (Hebreos 9:14). Además, debía ocurrir en Israel, porque tenía que cumplir las promesas hechas a los padres de la fe, que sería de la simiente de ellos que surgiría el Mesías/Cristo (Romanos 15:8).
Aplicar el mismo argumento de manera consistente llevaría a conclusiones que nadie está dispuesto a sostener: Jesús también fue circuncidado (Lucas 2:21), ofreció sacrificios en el templo (Lucas 2:22-24), y guardó la Pascua. ¿Debemos hacer todo eso también? No. La pregunta es si esa diferencia se aplica solo donde resulta conveniente o si tiene un fundamento bíblico real.
Hay algo que no puede pasarse por alto: la relación de Jesús con el sábado fue constantemente conflictiva con los líderes religiosos de su tiempo. No porque lo violara sin razón, sino porque lo trascendía.
Cuando los fariseos lo acusaron de quebrantar el sábado, su respuesta fue extraordinaria: "El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del sábado" (Marcos 2:27-28, RVR1960).
Ningún rabino de su época hubiera dicho eso. Declararse Señor del sábado no es la declaración de alguien sometido a él; es la declaración de quien lo trasciende. Jesús estaba señalando, desde dentro de la ley, que él era la realidad a la que el sábado apuntaba. ¡Amén!
En otra ocasión dijo: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo" (Juan 5:17, RVR1960). Una afirmación que escandalizó a sus oyentes precisamente porque era sábado. Jesús no estaba aboliendo el sábado, pero estaba revelando que él era su cumplimiento. El sábado era una sombra. Cristo era su realidad su cumplimiento.
Pablo lo afirma con una claridad que no necesita reinterpretarse a los colosenses: "Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo" (Colosenses 2:16-17, RVR1960).
Una sombra anuncia la presencia de algo real. Cuando lo real llega, seguir mirando la sombra no es fidelidad; es ignorar lo que la sombra siempre estuvo señalando.
El sábado anunciaba el reposo que Dios tenía preparado para la humanidad en su Hijo, cosa que ni Israel entendió en el propio sábado. Hebreos lo explica: "Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas" (Hebreos 4:9-10, RVR1960). Ese reposo no es un día de la semana, todos los días podemos descansar en Jesús sin ser sábado.
El creyente espiritualmente descansa todo el tiempo en Cristo Jesús, porque sólo en Él está su reposo en Dios. Esa es la diferencia. ¿Qué hizo la iglesia primitiva? La evidencia del Nuevo Testamento muestra que los primeros creyentes se reunían el primer día de la semana —el día de la resurrección— no el séptimo, era domingo.
"El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan" (Hechos 20:7, RVR1960).
Pablo instruyó a los corintios a apartar ofrendas "el primer día de la semana" (1 Corintios 16:2). Juan menciona "el día del Señor" (Apocalipsis 1:10) como el contexto de su visión.
No adoraban el domingo porque hubiera un mandamiento expreso que cambiara el día. Lo habían entendido, en la resurrección de Cristo había inaugurado una nueva creación, una nueva ciudadanía celestial. El primer día de la semana era el día en que todo comenzó de nuevo. Era la respuesta natural de quienes vivían del otro lado de la resurrección.
Cuando 1 Corintios 11:1, afirma que debemos ser imitadores de Cristo, no se refería a ser judío como él. Sin imitador de su humildad, su compasión, su amor sacrificial, servicio e integridad. No somos imitadores del judaísmo, practicantes del viejo pacto, porque muchos de esos actos tenían un propósito transitorio y tipológico que ya fue cumplido.
Es importante decirlo. El principio de apartar tiempo para Dios, de no vivir absorbidos por el afán del trabajo y el consumismo, de reposar y adorar, dietas tecnológicas, sigue siendo profundamente sabio y bíblico. El creyente que ignora el descanso y la adoración congregacional empobrece su vida cristiana y espiritual. Pero, ese principio no requiere la observancia legal del día sábado (como lo hacen los judíos piadosos) para ser vivido con fidelidad en cualquier otro día de la semana.
Conclusión
Jesús guardó el sábado porque vivía bajo la ley, para cumplirla en nuestro nombre. Nosotros no lo guardamos como obligación legal porque vivimos del otro lado de ese cumplimiento. No somos menos fieles que Jesús por ello; somos beneficiarios de lo que él hizo.
Preguntar "¿por qué no guardas el sábado si Jesús lo guardó?" es como preguntar "¿por qué no ofreces sacrificios de animales si Jesús los ofreció?". La respuesta es la misma: porque él cumplió todo eso de una vez y para siempre, y exigir su repetición es no haber entendido lo que él vino a hacer.
El sábado fue un regalo para Israel en el camino, y siempre lo condujo hacia el Mesías.
"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11:28, RVR1960).
