«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Juan 3:16 (RVR1960)
Karl Barth fue uno de los teólogos más brillantes del siglo XX. Escribió miles de páginas sobre Dios, la fe y la revelación. Pero al final de su vida, un estudiante le hizo la pregunta más simple y más importante: ¿cuál es el pensamiento teológico más grande que ha desarrollado en toda su carrera? Barth respondió con las palabras de un himno que cualquier niño conoce: «Jesús me ama, lo sé bien, la Biblia lo dice» Décadas de estudio. Miles de páginas. Y la verdad más grande que encontró fue esa.
Alguna vez hice la misma pregunta en una mesa de amigos. Las respuestas fueron variadas: el fin de los tiempos, el retorno de Cristo, la resurrección, los dones espirituales, la expulsión de demonios, el carácter de Dios. Todas son verdades bíblicas. Todas importan. Pero hay una que las sostiene a todas. Una que es la raíz de todo lo demás.
Dios te ama.
Es la razón por la que existe la creación, la redención y la eternidad. Es la razón por la que Jesús vino, vivió, murió y resucitó. El apóstol Juan, ya anciano, lo resume así:
«En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él». (1 Juan 4:9 RVR1960)
Juan había visto milagros, tempestades calmadas, muertos resucitados. Y con todo eso en su memoria, lo más grande que quiso decir fue esto: Dios nos amó primero.
¿Has dejado que las ocupaciones, el ministerio o los problemas te alejen de esta verdad? No hay nada más urgente que necesites saber hoy: el Dios que hizo los cielos y la tierra te mira y te ama. No lo pierdas de vista. Todo lo demás viene después.
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Oremos: El hermano Marcos Vidal lo expresó en una adoración con palabras que no se olvidan: «Desperté en el redil y no sé cómo.» Esa es la confesión más honesta que un creyente puede hacer.
Padre, gracias. Porque antes de que yo supiera mi nombre, ya me amabas. Tu amor no depende de lo que hago ni de lo que dejo de hacer. Perdóname, quiero ser mejor. Permite que en este día vuelva a lo más simple y apodérate de mí: tú me amas. Gracias. En el nombre de tu amado Hijo Jesús, amén.
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