Ezequiel 28:12-15 (RVR60) Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.
La Biblia revela que Satanás no siempre fue el adversario de Dios. Ezequiel el profeta describe su estado original con precisión asombrosa. Este pasaje establece tres realidades fundamentales: primero, este ser fue creado perfecto; segundo, ocupaba una posición privilegiada; tercero, que la maldad no era inherente a su naturaleza, sino que "se halló" en él posteriormente.
Si Dios no creó la maldad en él, Dios no creó al diablo. Entonces, ¿qué ocurrió? Ezequiel 28:16 proporciona una clave que muchos pasan por alto:
A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.
La expresión "multitud de tus contrataciones" revela que este querubín tenía responsabilidades, interacciones y, evidentemente, una esfera de influencia considerable. El versículo 17 confirma el diagnóstico:
Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu resplandor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes tepondré para que miren en ti.
Aquí está la génesis del mal: un ser perfecto, creado con extraordinaria belleza y sabiduría, comenzó a contemplarse a sí mismo. Su hermosura, que debía glorificar al Creador, se convirtió en objeto de su propia admiración. Su resplandor, regalo divino, se transformó en fuente de vanidad. Su perfección externa produjo corrupción interna cuando el enfoque cambió de Dios hacia sí mismo.
Isaías 14:12-14 documenta que Satanás se llenó de ambición desmedida que resultó de su vanidad:
¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.
Es interesante analizar esas declaraciones de su interior reveladas por el profeta Isaías: 1. Yo subiré al cielo. 2. Yo levantaré mi trono. 3. Yo me sentaré. 4. Yo subiré, y 5. Yo seré semejante al Altísimo.
No buscaba servir mejor, sino reinar en lugar de nuestro Rey Soberano.
¿Cómo pudo surgir esta rebelión en un entorno de santidad perfecta?
La respuesta nos lleva a otra verdad frecuentemente ignorada: los ángeles poseen capacidad de elección moral.
Apocalipsis 12:4 Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Estas "estrellas" representan ángeles que eligieron seguir a Satanás (Job 38:7; Apocalipsis 1:20). No fueron obligados ni programados: decidieron.
Judas 6 lo confirma: Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día.
La expresión "no guardaron" implica responsabilidad personal. "Abandonaron" denota decisión voluntaria. Si los ángeles carecieran de libre albedrío, como algunos han sugerido, estos términos carecerían de sentido. 2 Pedro 2:4 añade: Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio.
"Ángeles que pecaron". Para pecar se requiere capacidad de elección. La Escritura es clara: los ángeles pueden y han elegido rebelarse.
Surge otra pregunta: ¿por qué Dios no destruyó inmediatamente al rebelde? La respuesta se encuentra en la naturaleza del carácter divino y en su método de gobierno.
Dios es amor (1 Juan 4:8), pero también es justo (Deuteronomio 32:4). Cuando Satanás lanzó acusaciones contra su reino divino, una destrucción repentina habría parecido tiranía. Habría confirmado ante cualquier observador que Dios gobernaba por poder, no por justicia. Los ángeles restantes habrían servido por temor, no por amor.
En lugar de ello, Dios permitió que el acusador manifestara plenamente su rebelión. El libro de Job revela que Satanás tiene acceso ante el trono divino (Job 1:6-7; 2:1-2), y Apocalipsis 12:10 lo identifica como "el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche".
La historia humana completa servirá como evidencia en el día del gran juicio final. Cada mentira de Satanás queda expuesta. Cada acto destructivo confirma su verdadera naturaleza. Cada vida arruinada testifica contra él. El universo entero será testigo cuando Dios finalmente dicte sentencia.
Daniel 7:9-10 Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.
Apocalipsis 20:10-15 Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos... Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.
Este juicio no será un acto de venganza sino de justicia plenamente documentada por los mismos ángeles. Cada ser creado reconoce la rectitud de Dios, y el engaño del Padre de la mentira.
La existencia del mal no representa un defecto en el plan divino sino una demostración de principios eternos. Dios valora la libertad genuina incluso cuando conlleva riesgo. El amor forzado no es amor; la adoración programada no es adoración. Él quiere que seamos auténticos y que todo nazca de la verdad de nuestro interior.
Incluso la rebelión satánica nos revela aspectos del carácter de nuestro Dios, que de otro modo permanecerían ocultos: su paciencia, su misericordia, su justicia perfecta, su amor sacrificial en Cristo.
Apocalipsis 21:4 anticipa el resultado final: Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. El mal será erradicado, no por decreto arbitrario, sino porque cada ser creado habrá presenciado su verdadera naturaleza y sus consecuencias inevitables.
Conclusiones
La caída de Satanás contiene advertencias urgentes: Nadie está preparado para la fama, una posición privilegiada no garantiza fidelidad, los dones pueden convertirse en tropiezo cuando hay vanidad porque destruye desde dentro, y la soberbia precede a la caída (Proverbios 16:18).
Pero también revela esperanza. Si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron (2 Pedro 2:4), ¿cuánto más asombrosa es su provisión para la humanidad caída? 1 Juan 4:10 responde: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
Satanás eligió la exaltación propia y encontró condenación. Cristo eligió la humillación voluntaria y logró redención para todos los que creen. La historia del querubín caído y del Salvador encarnado establece el contraste eterno entre dos caminos: el orgullo que destruye y la humildad que salva.
La respuesta al origen del mal es bíblica, no es especulativa sino revelada. Un querubin se convirtió en Satanás, el mal comenzó en medio de la perfección cuando una decisión libre prefirió robarle la gloria a Dios. Cada día que pasa recoge cada evidencia, y terminará cuando la justicia divina sea vindicada ante todo el cosmos, y la verdad prevalezca eternamente sobre la mentira.
