Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. (Apocalipsis 2:4 RVR60)
¿Por qué haces todo lo que haces en nombre de Dios? Esta es la misma pregunta que nos hace el Espíritu Santo hoy, la pregunta que la iglesia de Éfeso tuvo que enfrentar cuando Jesús la confrontó por medio de su apóstol Juan.
¿Cuán ocupado está usted sirviendo a su Iglesia? Éfeso por fuera estaba muy activa, resistiendo el mal y defendiendo la sana doctrina, pero por dentro habían dejado el amor que los movía al principio.
Esto le puede estar pasando a usted ahora mismo. Podría estar cansado de servir por el afán y los gajes de oficio del ministerio, pero nunca cansarse de amar a Cristo Jesús y su Iglesia. No importa cómo sirvamos: limpiando, publicando, enseñando, predicando, organizando reuniones, invitando, cantando o transportando. Debemos ser honestos y tomarnos un momento siempre: ¿Por qué hago lo que hago? ¿Es pasión y gratitud, o costumbre, presión o miedo a fallarle a cierta persona?
Volver al primer amor no es hacer más cosas, es volver a la motivación correcta: amor y agradecimiento a Cristo, que me hace sentir "el privilegio de servir a los demás".
"Acercarme a Dios me ha hecho bien", afirmó David en el Salmo 73:28. Ministrar este bien a otros es un privilegio: servimos por amor, para exaltar a Dios por lo que ha hecho en nosotros, y con el anhelo para que el mundo también lo conozca.
Toma un momento. Detente de lo que estás haciendo y hazte esta pregunta: Si Jesús revisara mis obras, ¿su amor por Él sería el centro de todo lo que hago?
---
Oremos: Señor Jesús, en este momento he estado pensando en cuáles son mis motivaciones para hacer todo lo que hago en tu nombre. Quiero que examines mi corazón y me muestres la verdad que hay en él. Muéstrame por qué hago lo que hago. Si he dejado el primer amor, confróntame y llévame al arrepentimiento. Reordena mi corazón, que acercarme a ti vuelva a ser mi mayor bien, y que todo lo que haga sea fruto de amarte a ti, no de buscarme a mí mismo. Amén.
Temas
Devocional
