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Devocional Diario Biblia para vivir
Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente — Salmos 51:12 (RVR1960)
Muchos quisiéramos salir de viaje con frecuencia o disfrutar vacaciones familiares constantes para escapar de la rutina. Pero, ¿qué sucede cuando no se puede? ¿Vamos a estar tristes? No tiene que ser así. Un proverbio aconseja: "al mal tiempo buena cara". Pero la Biblia no dice eso.
Muchas personas que tienen a Dios en su vida parece que no lo tienen. Poseen lo mejor que este mundo puede ofrecer, pero carecen de gozo. Dudan incluso de su cristiandad porque viven más en amargura y depresión que en alegría.
El rey David lo entendió. Sabía que su tristeza se debía a la ausencia de la presencia de Dios en su vida. Su realidad familiar era devastadora: un hijo abusó de su hermana, otro hijo lo mató por eso, otro hijo planeaba asesinarlo para usurpar el trono. Sus demás hijos lo despreciaban por ser un padre ausente. Y él también mandó a un hombre a la guerra para quedarse con su esposa. A pesar de ser rey y tenerlo casi todo, era infeliz. Su alma estaba atormentada y vacía, pese a conocer al Señor.
¿Por qué? Por descuidar la presencia de Dios en su vida. Por dejar de buscarlo. Todos debemos buscar más de Dios.
¿De qué depende entonces la alegría del creyente? No es la ausencia de problemas, porque eso no existe. Tampoco depende de cambiar de casa o mudarnos a otro país buscando un lugar silencioso con piscina. Ya quisiéramos, pero eso no garantiza la alegría de vivir. A donde vayamos, los problemas van con nosotros. De hecho, la sola presencia de algunos de nosotros ya es un problema para otros. ¿Entonces?
La tristeza del creyente nace de la falta de comunión con el Padre. Estar lejos de Él, sin importar lo bien que parezca estar todo en el exterior, es solo una sensación pasajera de seguridad. En el interior queda un vacío que nada puede llenar.
Cuando la presencia de Dios está en nosotros y este hombre interior se va llenando de él, la seguridad se vuelve inquebrantable. Allí renace la satisfacción, porque entendemos que él tiene un propósito aunque todo siga aparentemente igual.
Nuestro semblante cambia. No por actuación para los demás, sino porque hemos estado en su presencia. Como dice la Escritura: «En tu presencia hay plenitud de gozo» (Salmos 16:11). Cuando somos puestos a prueba por la carencia, la enfermedad o la vida, «el gozo de Jehová es nuestra fortaleza» (Nehemías 8:10).
¿Cuál fue el error de David que usted y yo estamos cometiendo? La distancia espiritual. La ausencia de la presencia de Dios en nuestra vida.
¿Cuál es el reto que tenemos hoy? Buscarlo con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todos nuestros recursos. Porque solo por él nos parecerá que este mundo es bello.
La tristeza del creyente no viene de sus circunstancias, sino de su distancia con Dios; el gozo verdadero solo renace cuando volvemos a buscar su presencia con todo lo que somos.
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Oremos: Padre, hoy reconocemos que nada material puede devolvernos la paz que solo tu presencia otorga. Te pedimos que, como a David, nos devuelvas el gozo de tu salvación. Ayúdanos a buscarte con fuerzas renovadas para que nuestro hombre interior sea lleno de ti, permitiéndonos ver la belleza de tu creación aun en medio de nuestras pruebas más difíciles. Amén.
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