Con misericordia y verdad se corrige el pecado, y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal. — Proverbios 16:6 (RVR1960)
La verdad sin misericordia es cruel. Destruye lo que intenta reparar. La misericordia sin verdad engaña. Pensamos que por insistir en el tema o la claridad de nuestras instrucciones, son suficientes para cambiar un corazón. No lo son.
La realidad es que la fe viene por el oír la Palabra de Dios. Las personas pueden escucharnos y luego ir a hacer lo opuesto inmediatamente. Sin temor a Dios, su Palabra no tiene control sobre quien la escucha.
Si eres padre o madre, entiendes esto muy rápido. Queremos ver a nuestros hijos alcanzar su mejor versión, pero nuestras palabras pueden convertirse en armas de destrucción si no tenemos cuidado. La verdad libera, pero no todos están listos para conocerla. Hasta que tienen oídos para oír, sus caminos cambian. Solo la presencia de Dios transforma vidas.
En este proceso con otros, nuestra mayor responsabilidad es no descuidar nuestra propia fe. No podemos ofrecer lo que no tenemos. Nuestra misión es repetir con paciencia y misericordia la verdad de Dios, nada más, porque solo Él puede hacerlo. Si empujamos un poco más, tristemente, los oyentes malinterpretarán nuestras intenciones.
Siempre debemos revisar los límites de nuestra intención. Si deseamos ver transformación en quienes nos rodean, el mejor camino es esperar que la misericordia y la verdad den fruto, dando espacio al temor reverente que nacerá en ellos, permitiéndoles apartarse del mal por convicción y no por imposición.
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Oremos: Padre, permítenos ser canales de tu gracia. Ayúdanos a no ser jueces severos ni guías negligentes. Que nuestra vida sea el primer testimonio de cómo la misericordia y la verdad corrigen el alma. Danos sabiduría para esperar en ti, confiando en que es tu Espíritu quien despierta el temor santo en nuestros hijos y en tu iglesia. Amén.
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