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Hace muy poco uno de mis mentores preguntó: ¿está cansado de pastorear o cansado en el pastorado?
Servir a Dios cansa. No por Dios: por la gente. Sé que esto puede sonar mal. El pastorado es un ministerio muy hermoso, pero nada fácil. Nadie quiere —y quién lo quiere— es extraño. Moisés de vez en cuando renunciaba a pastorear a Israel, como en Números 11:10-15, Éxodo 3:10-13; 4:1-13. Sí es hermoso ver como Dios transforma vidas, y ser compañero de quienes rinden su vida a Él y están dispuestos con todo su ser a ser transformados y ponen su vida y recursos en servicio. Pero cansa ver corazones que usan a Dios como un recurso religioso o un bonito club al que pertenecen. Lo cierto es que las relaciones pueden ser muy complicadamente hermosas. Es un gran privilegio servir a las personas del pueblo de Dios, pero puede ser un gran reto, en especial, cuando no somos seres perfectos.
Jamás imaginé que me encontraría en este punto de mi vida cristiana, y espero que a alguien más le sirvan estas palabras. Porque al menos a mí esta etapa me ha llevado a un nivel que jamás imaginé y del cual sigo aprendiendo mucho más. Porque sólo cuando estás en el oficio ministerial te das cuenta: ¿en qué me he metido? ¿por qué me llamaste a mí y a qué horas dije ¡sí!? Como cuando Jeremías (20:7-9) meditó en ello, y se dio cuenta que Dios lo había seducido tanto que no tenía idea a qué lo llevaría estar enamorado de él y hacer su voluntad.
Un estudio del Grupo Barna (2021) ha demostrado que el 38% de los pastores en Estados Unidos ha considerado seriamente dejar el ministerio de tiempo completo.
El Cansancio en la Biblia
En hebreo, el desánimo se describe como 'manos que caen' (yadayim rafot). Como en Nehemías 6:9 "Porque todos ellos nos amedrentaban, diciendo: Se debilitarán las manos de ellos en la obra, y no será terminada. Esfuerza, pues, oh Dios, mis manos".
En griego, Pablo usa ekkakeo: desmayar, desfallecer o perder el ánimo. Como en Gálatas 6:9 "No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos". Que Pablo repita esta orden en varias cartas dice algo: el cansancio del siervo no se vence una sola vez, será una lucha constante sobre todo ya adentrado en el ministerio.
Por ejemplo:
Elías: cansado de pelear solo
Un día vio fuego caer del cielo en el Carmelo. Al siguiente, pidió morir. Oh sí, ya no recuerdo cuántas fueron las veces que celebramos cultos poderosos de la presencia de Dios; y al día siguiente abrumado tremendamente por la prueba.
1 Reyes 19:4 "Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres".
Su motivo no fue falta de poder: fue ver un pueblo que no cambiaba.
1 Reyes 19:10 "He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida".
Dios no lo reprendió. Le dio pan, sueño, y después, un compañero: Eliseo.
Jeremías: cansado de hablar sin reacción favorable
Predicó, advirtió, lloró y el pueblo siguió igual. Quiso callar.
Jeremías 20:9 "Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos, y traté de sufrirlo, y no pude".
El cansancio no le quitó el llamado. Se lo hizo pesar más.
Moisés: cansado de cargar solo
Números 11:14-15 "No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que es más pesado que yo. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos, y que yo no vea mi mal".
Dios no le pidió que aguantara más. Repartió la carga entre setenta ancianos.
Pablo: cansado hasta perder la esperanza
2 Corintios 1:8 "Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida".
Y en su hora más sola: 2 Timoteo 4:16 "En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta".
Servir a Dios puede ser sumamente difícil y complicado, y asimismo, gratificante para quien es obediente, sin importar lo absurdo que sea para los demás.
Jesús: rechazado sirviendo perfectamente
Si alguien enseñó con autoridad perfecta y aun así vio a la gente irse, fue él.
Juan 6:66 "Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él".
Lloró por los que no quisieron responder.
Lucas 19:41 "Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella".
Mateo 23:37 "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!".
Si el Hijo de Dios fue rechazado sirviendo sin error, ningún siervo debería medir su fidelidad por la respuesta de la gente.
El peligro real no es cansarse
He llegado a entender que el problema no es el cansancio. Todos nos cansamos por alguna razón, física o mental.
El peligro real es lo que produce cuando no se atiende: frustración constante, pérdida de compasión, endurecimiento espiritual, servicio sin amor prestado solo por deber. Ahí es donde el siervo sigue activo, pero vacío. Es la forma más peligrosa del desánimo, porque no se nota a simple vista.
Timoteo necesitó que Pablo le recordara avivar el don recibido, señal de que el temor también lo alcanzó.
2 Timoteo 1:6-7 "Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio".
No fuiste llamado a cambiar a nadie
1 Corintios 3:6-7 "Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento".
Nuestra única responsabilidad como siervos es compartir a Cristo con los demás. Y realmente pastorearnos a sí mismos porque la oveja más difícil es uno mismo. Manteniendo encendido el fuego de su altar en nuestra vida en la presencia de a quién servimos. "Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren", 1 Timoteo 4:16 (RVR1960). Mientras sigamos en caliente, seguiremos dando lo mejor de nosotros al pueblo de Dios. Dichosos de servir y privilegiados en desgastarnos en su Cuerpo, y aprendiendo a conocernos cada día más en Él.
Algo que me costó entender y que sólo aprendí tras plantar nuestra primera iglesia y dejar de pastorearla, y luego, otra vez repasar la lección aprendida cuando dejamos de pastorear la segunda congregación, fue que el resultado que Dios califica en mí no es el éxito ministerial sino mi fidelidad a él. No importan las circunstancias —favorables o no— debemos mantenernos fieles.
1 Corintios 4:2 "Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel".
Dios no nos juzgará por cuántas vidas salvamos, él es quien salva. Nos juzgará si nos mantuvimos fieles hasta el final —"Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor" Mateo 25:21 (RVR1960)— Dios no nos medirá por cuántos cambiaron y el éxito aparente de los proyectos y el tamaño de la congregación. Pesará si permanecimos fieles cuando nadie cambia o colabora. Juzgará nuestra fidelidad y obediencia a su voz. Si predicamos donde dijo que lo hiciéramos, si fuimos donde nos envió o si estuvimos el tiempo que lo indicó.
Cuando nadie lo atiende: el abandono
Juan Marcos abandonó el primer viaje misionero a mitad de camino. Hechos 13:13 "Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; y Juan, apartándose de ellos, volvió a Jerusalén".
El desánimo sin atender no desaparece: se convierte en deserción. Pero su historia no terminó ahí. Años después, Pablo lo pidió de nuevo a su lado. 2 Timoteo 4:11 "Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos, y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio".
Romanos 8:28 nos recuerda que todo nos ayuda a bien a los que amamos al Señor, inclusive aquellas que pueden ser muy dolorosas: un despido injustificado como pastor o que tengas que deponer a seguir pastoreando para que comience una transición ministerial con otro siervo.
No somos dueños de nada. Somos siervos del Señor de la Iglesia. Somos privilegiados de ser sus siervos para ministrar al pueblo de Dios.
Qué hacer si hoy eres tú
- Cuida tu salud, la de tu matrimonio, la de tu familia antes que la teología. Elías necesitó pan antes que revelación.
- Habla sin editar tu angustia, como David en los salmos. No podemos detener lo que los demás piensen, sólo mantente firme en lo que Dios te ha revelado a ti. Recuerda las palabras del apóstol Pablo en Gálatas 1:15-16 "... no consulté en seguida con carne y sangre".
- Busca tu Eliseo. Nadie en la Biblia sostuvo el llamado en soledad absoluta. Nadie puede pastorear solo. Encuentra esos consiervos que al igual que tú aman lo que Dios quiere hacer en la congregación, o bien acércate a ministerios de ayuda pastoral.
- Honra a quien te sostiene. Si sientes que debes darle explicaciones a todo el mundo, debes detenerte. Reserva la información para quienes en verdad deben conocerla. Si tienes cerca a alguien fiel en toda hora, bendícelo.
- Suelta el resultado, no la fidelidad. No te llamaron a cambiar corazones. Te llamaron a permanecer fiel a Cristo y su llamado. Sé obediente a Él y ama a su pueblo.
- Si hoy estás cansado, no es señal de que debas soltar el llamado. Y si dejas el ministerio, no significa que fracasaste o que dejaste de ser siervo de Cristo. Todo tiene su tiempo y hay tiempo hasta para descansar.
