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Eclesiastés 10:1 (RVR1960) Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable.
“Un detalle puede cambiarlo todo en un juicio”, afirmó cierto abogado. Eso aplica también en nuestra espiritualidad cristiana: Los detalles también importan a Dios. El Espíritu Santo quiere darnos dominio propio sobre ellos, porque una pequeña debilidad, un descuido, puede arruinar todo lo bueno que se ha edificado con tanto sacrificio.
Debemos entregarle a Dios cada rincón de nuestro ser: cuerpo, corazón y alma. Él quiere todo, porque lo entregó todo por mí.
¿Crees que un cristiano amargado, jactancioso o mentiroso goza de un buen testimonio? Los detalles descuidados pueden estar dañando nuestra relación con Dios y con los demás.
¿Has abandonado la meditación de la Palabra? ¿Ya no deseas congregarte, orar o adorar? Presta atención a esas señales: pueden anunciar un regreso a tu vieja manera de vivir.
Las moscas muertas representan esos pecados, debilidades, descuidos y excesos de confianza que terminan arruinando el aroma de nuestra vida. No las toleres ni las alimentes con excusas. Pregúntate: ¿cuánto tiempo puedes permitir que las moscas sigan rondando tu vida antes de espantarlas?
Identifícalas, confiésalas y elimínalas. Es tiempo de espantar las moscas.
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Oremos: Señor, gracias porque tu Palabra me examina y me corrige. Perdóname por los detalles que he descuidado y por las pequeñas locuras que han afectado mi testimonio. Dame dominio propio, un corazón sensible a tu Espíritu y la valentía de eliminar todo lo que aleja mi vida de ti. Que mi testimonio exhale el aroma de Cristo. Amén.
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