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Mateo 16:13-15 (RVR1960) «Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Todos solemos tener nuestra opinión para todo. Y qué mal nos sentimos cuando alguien opina de nosotros lo que pensamos que no somos. Nuestro Señor ha sido el conflicto de los siglos para muchas mentes: para unos, un judío que se endioso así mismo; para otros, un sabio de Medio Oriente; para otros, desde revolucionario o un profeta más. Pero también están los que aún siguen sin poder responder esa pregunta.
En este texto Jesús no está buscando hacer un sondeo de opinión pública. Él quiere conducirlos a un mensaje muy poderoso. Primero, pregunta a sus discípulos: ¿Qué piensan las personas de mí? Luego la hace más personal: Y para ustedes, ¿Quién soy yo?
Nadie puede conocer a una persona sin relacionarse con ella; sin embargo, muchos se atreven a hablar de Dios sin tener una relación con Él.
¿Y nosotros conocemos a Jesús? ¿O nos seguimos repitiendo que sí, pero sin tener comunión íntima con él?
La religión puede ayudarnos en cierta medida, pero la verdad es que podemos estar dentro de una congregación y creer en un Jesús diferente al que Él espera que conozcamos: un Jesús hecho a nuestra medida, una identidad falsa que nos resulta cómoda creer.
Nuestra respuesta no necesariamente será la misma de Pedro, porque esa fue la que le fue revelada a él.
¿Poseo una respuesta que nace de mi relación personal con Él?
Sin revelación no se puede conocer a Jesús. No se recibe por estudiar todas las teologías ni de leer a los mejores autores; se trata mi relación personal. Por eso Jesús le dijo a Pedro (en el versículo 17), en otra palabras: «nadie te puede enseñar eso, te lo reveló mi padre".
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Oremos: Señor Jesús, quiero conocer tu persona. No la que me resulta cómoda de creer acerca de ti. Quiero construir mi fe en el Cristo de la Gloria, el Hijo del Dios Altísimo. Revela tu persona a mi corazón. Que mi fe fluya de ti. Amén.
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