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Juan 15:15 (RVR1960) — Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.
Imagine que tiene la oportunidad de sentarse con Jesús. Cuando Él lo mira, ¿qué cree que sería lo primero que le diría? Probablemente algunos de nosotros pensamos: «Si sigues así vas rumbo al Infierno».
Jesús no quiere que le tengamos miedo al reconocerlo como nuestro Juez; sino que ante todo comprendamos que nos ofrece su amor y amistad. Quizá sólo nos diría: «sí supieras cuánto te amo y todo lo que nuestro Padre tienen preparado para ti».
Estamos tan ocupados haciendo cosas en nombre de Dios que olvidamos que Él no busca solamente personas obedientes. Él anhela una relación para que nos acerquemos a Él.
Un siervo solo cumple tareas; un amigo comparte secretos, risas, lágrimas y momentos especiales. Sólo con un amigo podemos ser quienes realmente somos, sin máscaras ni pretensiones.
Un amigo hace las cosas con aprecio, no por obligación. Así también desea Dios que caminemos con Él, porque lo más importante detrás de todo lo que hacemos es nuestra relación con Él.
Hoy debemos acercarnos a Dios no solo como siervos, sino también como amigos: abriendo delante de Él nuestro corazón y compartiendo con confianza todo lo que llevamos dentro.
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Oremos: Señor, te alabamos por relacionarte con nosotros. Tenía razón el rey David cuando afirmó: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él y lo visites? (Salmo 8:4). Hoy quiero acercarme a ti como amigo, sin dejar de reconocerte como mi Señor. Necesito compartir mi tiempo contigo cada día más. Gracias porque ya me conoces por completo y, aun así, decidiste llamarme tu amigo. Amén.
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