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Es fácil decir: “Tengo fe; soy salvo”. Pero la fe de muchos está muerta, no produce frutos de conversión ni transformación, esa fe no es del agrado de Dios.
La fe que agrada a Dios se demuestra en la manera en que vivimos, en cómo enfrentamos el pecado y en cómo tratamos a los demás.
Si mi fe no produce arrepentimiento, paz, comunión y santidad no es la fe viva que agrada a Dios. Santiago 2:17 dice: “la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma”.
* Sin paz y santidad: Hebreos 12:14 (RVR1960) Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
No podemos acercarnos a Dios mientras tratamos el pecado como algo pequeño o abrazamos lo que Él condena. La santidad comienza cuando dejamos de justificar el pecado y permitimos que el Espíritu Santo nos corrija, nos limpie y nos conduzca a una vida que le honre. La santidad no es perfección humana; es un corazón que no se conforma con el pecado. Es decir “no” a lo que ofende a Dios, aunque otros lo aprueben, y decir “sí” a su voluntad, aunque cueste.
No siempre será posible vivir en armonía con todos, pero sí podemos hacer nuestra parte para no alimentar rencores, ofensas, divisiones y amarguras. Si lo hemos hecho, hemos ganado mucho porque un corazón lleno de odio no puede ver claramente el rostro de Dios.
* Sin comunión: 1 Juan 4:20 (RVR1960) Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso.
Todos los que hemos recibido el amor de Dios debemos tomar la decisión de perdonar, servir, buscar el bien del otro y tratar a las personas como Cristo nos ha tratado.
La vida cristiana nunca fue diseñada para vivirse aislada. Hebreos 10:25 ordena: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos...
Decir “amo a Cristo, pero no necesito la iglesia” contradice el diseño de Dios. La comunión no es una opción; es una necesidad espiritual. En la congregación recibimos exhortación, corrección, apoyo, enseñanza y amor fraterno.
Es un buen momento para preguntarnos: ¿Mi vida demuestra que pertenezco a Cristo? ¿Guardo rencor, ofensa o amargura contra alguien? ¿Estoy cultivando mi comunión?
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Oremos: Señor Jesús, dame una fe viva que agrade el corazón de mi Dios. Límpiame de todo pecado, arranca de mi corazón toda amargura, enséñame a amar como tú amas y restáurame en comunión con tu Iglesia. No quiero una religión de palabras, sino una vida que te refleje a ti. En comunión con el Espíritu Santo. Amén.
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