Lo que hoy llamamos FANI —Fenómeno Anómalo No Identificado, antes OVNI o UFO— no nació en las redes sociales ni con la última orden ejecutiva de Trump. Lleva décadas siendo investigado por personas serias, gobiernos, militares e instituciones que apostaron su credibilidad por entender qué ocupa nuestros cielos.
Por ejemplo, en 1989, el ingeniero Bob Lazar salió a la luz pública por primera vez, acompañado del periodista investigador George Knapp. Lazar afirmó haber trabajado en el Área 51 S4, haber visto nueve naves que él interpretó como de origen no humano y haber leído documentos sobre un reactor de propulsión antigravedad.
Desde 1991, el periodista mexicano Jaime Maussan, rompió récords de audiencia al pasar once horas y media en vivo hablando de ovnis en el programa ¿Y usted qué opina? de Nino Canún. Al día siguiente, medio México hablaba del tema. Su programa Tercer Milenio lleva más de tres décadas en el aire. También está el trabajo del investigador Marco Antonio Herrera, quien lleva más de veinte años documentando avistamientos en el Volcán Popocatépetl, incluidos registros en video y fenómenos que desafían explicación convencional.
En 1995, el empresario estadounidense Robert Bigelow fundó el National Institute for Discovery Science (NIDS), una organización privada dedicada a estudiar fenómenos anómalos con rigor científico. Más tarde, en 2008, su compañía BAASS ganó el contrato del Pentágono para el programa AAWSAP, el estudio gubernamental más comprehensivo sobre UAP desde el Proyecto Libro Azul. Bigelow invirtió decenas de millones de dólares y más de cuarenta años en esta investigación. Recientemente, 2026, ha abierto su propio canal de podcast y participa activamente en entrevistas en YouTube, compartiendo públicamente sus experiencias e interpretaciones sobre la magnitud del fenómeno.
En 1997, Chile creó el SEFAA (Sección de Estudio de Fenómenos Aéreos Anómalos), la primera unidad oficial de un gobierno latinoamericano dedicada exclusivamente a investigar estos fenómenos con enfoque en seguridad aérea.
Desde 2004, Lorenzo Fernández Bueno, desde España, ha publicado obras de investigación sobre el fenómeno, abordando tanto la evidencia documental testimonial como las implicaciones del contacto.
En 2008, el Padre José Gabriel Funes, entonces director del Observatorio Vaticano, declaró en el periódico oficial del Vaticano, L'Osservatore Romano, que creer en la posible existencia de extraterrestres no se opone a la fe cristiana. Dijo: "El alienígena es mi hermano". Incluso el Papa Francisco mencionó en broma, pero con seriedad teológica, qué haría la Iglesia si un marciano pidiera ser bautizado. El Vaticano no solo observa el cielo; se prepara teológicamente para la posibilidad de lo que pueda encontrar, sea extraterrestre o, como algunos especulan, intraterreno.
En 2017, Luis Elizondo —exdirector del programa AATIP del Pentágono— hizo público, a través de To The Stars Academy, tres videos oficiales de la Marina de Estados Unidos que cambiaron la conversación mundial: FLIR1 (Tic-Tac), grabado en 2004, Gimbal, grabado en 2015 y el Go-Fast grabado en 2015. Esos tres videos fueron confirmados como auténticos por el Pentágono.
En 2021, inició el Galileo Project, dirigido por Avi Loeb en Harvard. Estudia UAP con una metodología instrumental: redes de cámaras, radar, infrarrojo, sensores múltiples e IA para excluir aves, globos, drones y fenómenos atmosféricos antes de analizar anomalías. El UAP Science Advisory Council (UAPSAC) es más reciente: fue formado en 2026 para asesorar al gobierno de EE. UU. sobre evidencia, estándares de recolección, instrumentación y análisis de datos UAP no clasificados.
El 2023, el Congreso de Estados Unidos celebró su primera audiencia pública sobre UAP en más de cincuenta años. Testificaron bajo juramento el exoficial de inteligencia David Grusch, el excomandante de la Marina David Fravor —piloto del incidente Tic Tac— y el expiloto de F-18 Ryan Graves. Grusch afirmó que el gobierno estadounidense opera programas secretos de recuperación y retroingeniería de naves no humanas, y que se han encontrado "biológicos no humanos" en sitios de impacto.
En 2026, el presidente Donald Trump ordenó la desclasificación masiva de archivos gubernamentales relacionados con vida extraterrestre y FANI. El Departamento de Guerra lanzó el sistema PURSUE en war.gov/ufo, liberando al momento de este artículo, cinco lotes de documentos, videos y fotografías desclasificadas. Todos disponibles para descargarse al público, y estableció que la Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios (AARO) reciba denuncias anónimas.
Es un tema que ya ocupa al Pentágono, al Congreso, a laboratorios nacionales, al Vaticano, a la opinión científica y pública mundial.
Y yo, un pastor evangélico en Honduras, ya lo había visto en 2012, en el cielo de la ciudad de Tegucigalpa.
¿Qué viste exactamente?
Junio de 2012. Tegucigalpa, Honduras. Una tarde común. Yo manejaba el carro de una amiga, probándolo por la ciudad. Sin prisa, sin expectativas.
Con el rabillo del ojo izquierdo capté un reflejo en el cielo. No era un avión. No era un helicóptero. No tenía luces intermitentes, ni ruido de motor, ni la trayectoria de nada conocido. Era un brillo distinto. Un brillo que no pedí ver.
Me desvié. Buscamos un lugar alto, una zona en construcción cercana a la que teníamos acceso, desde donde observar sin obstáculos. Y ahí, sobre el atardecer, flotaba un platillo volador plateado, casi transparente, mimetizado con el cielo. [Ver imagen adjunta en este artículo]
Era enorme. Me pareció que tenía entre diez a veinte metros de diámetro. Giraba sobre sí mismo como las manecillas de un reloj, con velocidad sorprendente, pero mantenía una trayectoria recta, lenta, imperturbable. No aceleraba. No frenaba. No se desviaba. Solo flotaba, de izquierda a derecha, en silencio absoluto.
Aproximadamente diez minutos. Mi amiga grababa con su iPhone. Yo sentía una emoción profunda, pero no miedo. Ambos sentíamos cierta vibración muy sutil en el pecho. Tal vez producto de la ansiedad de estar viendo algo que no se olvida. Había personas trabajando cerca, pero nadie más parecía notarlo. Solo nosotros.
Cuando el objeto se perdió entre las nubes, quedamos en silencio. Horas después, le pedí el video. Me confesó que lo había borrado. El terror que sintió, y las consecuencias que imaginó por tener esa evidencia, la llevaron a eliminarlo. Nunca más volvió a tocar el tema.
Yo no pude dejar de pensar en ello.
¿Cómo reacciona un pastor evangélico ante algo que no puede explicar?
Con honestidad. Sé que algunos de mis hermanos en la fe, los más conservadores, al leer esto fruncirán el ceño o directamente soltarán una carcajada. Lo sé porque ya lo he visto, esto sigue siendo irrelevante y entra en el territorio de la ridiculez en muchos círculos evangélicos, este asunto se evita, se ridiculiza o se responde de inmediato con una explicación demonológica. Esa reacción no siempre nace de mala fe, pero no reemplaza el discernimiento bíblico ni la investigación honesta. Por ejemplo, al buscar artículos bíblicos que aborden el tema, en las webs cristianas evangélicas más destacadas, en general obtendremos cero resultados en las búsquedas.
No escribo esto para ganar aplausos ni para quedar bien con la tendencia. Escribo porque vi algo que no puedo negar, y porque un pastor que predica la verdad no puede quedarse callado cuando el cielo mismo —o lo que hay en él— le obliga a mirar hacia arriba con honestidad. Tomo esto con la misma seriedad con la que tomo la Escritura: no porque lo inexplicable me asuste, sino porque la verdad, sea la que sea, siempre termina confirmando que Dios es más grande que todos nuestros paradigmas.
Los cristianos evangélicos están divididos con el tema, evitándolo públicamente. Se debe a que la reacción inmediata es la satanización ante lo inexplicable, y la ridiculización. No me parece íntegro.
No busqué verlo. No estaba en un retiro espiritual. No estaba orando. Estaba conduciendo. Y sin embargo, lo vi. Punto.
Durante años he predicado que Dios es soberano sobre lo visible y lo invisible. Que Cristo sostiene todas las cosas. Que los cielos cuentan la gloria de Dios. Pero esa tarde, la experiencia me mostró que el fenómeno FANI/OVNI será un reto tarde o temprano para la iglesia porque tendrá que preparar nuevos argumentos para la defensa del Evangelio de Cristo, en especial por la teología detrás de los testimonios que afirman los abducidos. Y eso me ha obligado a la necesidad de estudiar seriamente el tema y responderme: ¿Qué dice la Biblia con claridad, qué no dice, y qué he asumido que debería decir?
Vi un fenómeno que no puedo identificar. No lo negaré, pero tampoco convertiré mi ignorancia en doctrina.
Lo que sé y lo que no sé
Lo que sé:
- Estuve allí.
- Vi el objeto.
- Otra persona estaba conmigo.
- Lo observamos durante varios minutos.
- Intentamos obtener una posición mejor para verlo.
- Mi acompañante realizó una grabación.
- Posteriormente me informó que había eliminado el video.
Lo que no sé:
- Qué era.
- De dónde procedía.
- Si era tecnología humana.
- Si era un fenómeno atmosférico.
- Si hubo algún error de percepción.
- Si su tamaño estimado era correcto.
- Si su apariencia correspondía realmente a un objeto sólido.
¿Esto contradice la fe cristiana?
No. Pero hay que saber qué es lo que la fe cristiana realmente afirma.
La Biblia guarda silencio sobre la existencia de vida inteligente fuera de la Tierra. No lo niega, no lo afirma. Pese a que los teóricos de los 'alienígenas ancestrales', afirman que sí. Que lo que los autores bíblicos describieron como dioses, ángeles o demonios, eran en realidad nuestros creadores inteligentes.
Lo que sí deja claro es que fuimos creados a imagen de Dios, y que Cristo derramó su sangre por los hijos de Adán. Eso nos hace irrepetibles, sea el universo vasto y vacío o no.
No sé qué era lo que vi. No puedo decir que eran extraterrestres. No puedo decir que era una manifestación demoníaca. Era un objeto que sin duda nos pareció físico y tecnológico, con un movimiento mecánico y una física que ignoro. No recibí mensaje alguno ni tuve comunicación. Solo lo vi.
Si quieres profundizar en la perspectiva bíblica completa sobre vida extraterrestre, OVNIs, FANI y el discernimiento espiritual frente a estos fenómenos, puedes leer un artículo introductorio al tema teológico aquí: La vida más allá de las estrellas: ¿Somos únicos?
¿Debe la iglesia hablar de estos temas?
Sí. El silencio no protege a nadie.
Hablando de silencio, recientemente, junio de 2026, el arzobispo de Washington D.C., el cardenal Robert McElroy, removió al monseñor Stephen Rossetti (74) de su función como exorcista de la arquidiócesis. Él tenía 42 años de servicio impecable y 19 años como exorcista, porque en un video de cinco minutos afirmó que muchos avistamientos de ovnis podrían ser, de hecho, demonios. El cardenal McElroy cuatro días después de la publicación del video, dijo que sus declaraciones "socavan gravemente" la enseñanza de la Iglesia sobre el diablo, los demonios y el exorcismo.
¿Por qué menciono esto? Porque ilustra exactamente de qué hablo cuando digo que la iglesia tiene una relación complicada con lo inexplicable.
El silencio de la iglesia no protege a los creyentes, los expone ante el vacío de posibles doctrinas promovidas con engaño, astucia y error. Pablo nos llama a crecer en la verdad, y no ser "niños fluctuantes" manipulables, según Efesios 4:14-15. Históricamente, hemos perdido terreno con la falta de apología oportuna porque los deja solos con sus preguntas, buscando respuestas fuera de la comunidad cristiana de su fe.
El cielo no es un techo decorativo sobre nuestra teología. Es el espacio donde Dios ejerce su soberanía, donde ángeles y demonios operan, donde Cristo regresará. Si en ese espacio hay algo más —tecnología avanzada humana, tecnología avanzada no humana, fenómeno anómalos no identificables, o algo sin categoría aún— eso no amenaza mi fe. La fortalece. Porque me recuerda que la obra de Cristo es suficiente y que Él es el centro de todo esto.
¿Qué sigue ahora?
El mundo está atento a cada nuevo lote de documentos en war.gov/ufo. La ciencia, el Pentágono, el Congreso, el Vaticano y la opinión pública están en una conversación que antes era marginal. Y mientras tanto, personas como yo —que vimos algo en el cielo años antes de que esto fuera noticia— tenemos la responsabilidad de contar lo que vimos sin caer en la especulación, y de apuntar siempre a la cruz.
No tengo el video. Mi amiga lo borró. Pero tengo el recuerdo intacto. Y tengo algo más valioso: la certeza de que, aunque el cielo me sorprenda, nunca me sorprenderá más de lo que ya me sorprendió la cruz.
Preguntas que me han hecho desde entonces
¿Crees que eran extraterrestres? No lo sé. Vi algo que no puedo explicar con las categorías que tengo. Eso no me autoriza a afirmar lo que la Biblia no afirma. Porque bien pudo ser sencillamente tecnología humana clasificada privada o militar no oficial.
¿No te dio miedo que fuera algo demoníaco? Realmente no. Cristo es el centro de mi vida. El miedo no es la respuesta bíblica ante lo desconocido. La cautela sí. La vigilancia espiritual sí. Pero no el pánico. Dios no nos ha dado espíritu de cobardía.
¿Cambió tu fe? La profundizó. Me obligó a separar lo que creía que la Biblia dice, de lo que creo porque la tradición o la cultura cristiana asume. Esa separación siempre fortalece la fe verdadera. Si una evidencia demostrara que no estamos solos en el universo, sería ontológicamente impactante porque cambiaría nuestra comprensión de la existencia humana, del mundo, la creación y la salvación.
¿Volverías a hablar de esto? Estoy hablando de ello ahora. Porque el silencio de la iglesia ante lo inexplicable no protege a nadie. Solo deja a los creyentes solos con sus preguntas, buscando respuestas fuera de la comunidad cristiana de su fe.
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¿Estás preparado para responder bíblicamente cuando una persona tenga una experiencia como esta, que no pueda explicar? Te leo en los comentarios.
