INTRODUCCIÓN— Estos versículos son conocidos como el ‘Shemá’ (Oír o escuchar) — son los textos bíblicos más repetidos de toda la historia de Israel, los más repetidos a diario en cada casa judía hasta la actualidad.
Note algo importante: el texto no dice que estas palabras deben repetirse en el tabernáculo ni en boca de un sacerdote.
Dice que se repiten a los hijos— ¿y quién las repite? Usted, el padre y la madre en el hogar. Una casa, un altar.
¿Qué más dice? Las repitan a sus hijos sentados en su casa, andando por el camino con ellos, al acostarse y al levantarse, para que sus hijos, cuando crezcan, hagan lo mismo con los suyos y no se olviden de Dios.
Cuatro momentos, ninguno dentro de un edificio o templo. Todos en la vida diaria de una familia.
PROPOSICIÓN— El hogar forma la fe; la Iglesia la refuerza.
Sus hijos vienen a este templo un día a la semana a escuchar una hora la Palabra de Dios. Y durante el resto de la semana ¿qué escuchan?
Si lo que oyen de usted en casa son vulgaridades y palabrotas, la hora de la iglesia no tiene oportunidad si usted como padre no lo forma durante seis días. Y si usted lo está intentado entonces la Iglesia puede reforzar lo que ya se está trabajando en casa.
DESARROLLO
1. Fe en su corazón, alma y cuerpo
Deuteronomio 6:5 (RVR1960) Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
Cuán importante es repetir la Palabra de Dios a nuestros hijos, pero antes de hacerlo, pide que usted lo ame primero de todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas.
Porque si repite lo que usted no ha recibido, será mentiroso o religioso. Nadie puede compartir su fe sin recibirla.
Salomón entendió el peso de esto cuando escribió:
Proverbios 4:23 (RVR1960) Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.
Todo lo que un padre transmite a su casa —paciencia o irritación, fe o duda, gratitud o queja— mana primero de su interior.
Los hijos no aprenden teología de lo que usted dice. Aprenden de lo que usted realmente hace y dice, eso que se filtra espontáneamente en cada decisión y cada reacción, incluso en las que usted cree que nadie está viendo.
Dios le dijo al profeta Isaías que Israel repetía vacíamente su Palabra:
Isaías 29:13 (RVR1960) Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí.
Es posible sentarse a orar en la mesa, cantar en la congregación, y aun así tener el corazón lejos. Ese puede ser tipo de fe que estamos transmitiendo a nuestros hijos, y con el tiempo, ellos son tan inteligentes, detectan la diferencia entre labios que honran y un corazón que realmente piensa en Dios.
En uno de los lugares donde vivíamos teníamos un vecino que al parecer estaba hasta el cuello de deudas. Era de casi todos los días la visita de un cobrador a su puerta. Un día la bebé dijo por la ventana: “dijo mi papito que no estaba”.
Cuando los hijos están pequeños nos creen todo porque son inocentes. Pero llegará el momento donde verá que lo que usted repite no es cierto.
2. Fe en su día a día
Deuteronomio 6:7 (RVR1960) ...y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.
Cuatro momentos que cubren todo el día: sentado en casa, caminando, acostándose y levantándose.
Dios no pide un devocional de treinta minutos una vez a la semana (pero que bueno si lo tiene con su familia).
Pide que la fe se transmita en lo cotidiano de nuestro día — sentada a la mesa, lavando platos o ropa, en el trayecto al trabajo o a la escuela, en los últimos minutos antes de dormir, en los primeros del día.
El salmista lo describió perfectamente:
Salmo 1:2 (RVR1960) Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.
"De día y de noche". Describe una mente que constantemente piensa en agradar a Dios, en medio de lo ordinario — no como una obligación religiosa, sino como algo que naturalmente ocupa el pensamiento. De eso se trata aprender a caminar con Dios.
3. Fe visible ante los demás
Deuteronomio 6:8-9 (RVR1960) ... 8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; 9 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.
Es tan serio repetir el Shemá para el pueblo israelí creyente que sus palabras no solo se pronuncian, sino que también se convierten en señales visibles.
* Los tefilín o filacterias se crearon para cumplir con el verso 8. Son pequeñas cajitas de cuero que contienen porciones de la Torá y se atan al brazo y a la cabeza, en relación con la orden: “Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos” (Dt 6:8). Expresan la fe personal visible para los demás, que la Palabra de Dios está presente en sus acciones, sus sentimientos y sus pensamientos.
* La mezuzá — es un pequeño pergamino que contiene Deuteronomio 6:4-9 y Deuteronomio 11:13-21, generalmente protegido dentro de una cajita— esta se pega o clava cuidadosamente en el marco de la puerta de sus casas, conforme al versículo 9: “estarán en los postes de tu casa y en tus puertas”. Es una declaración visible que significa: en esta casa, la Palabra de Dios no se esconde, nuestra familiar honrará y santificará el nombre de Dios.
Éxodo 12:7 (RVR1960) Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.
Deuteronomio 6:9 retoma la misma imagen: la fe de un hogar no se queda adentro, en privado. Se ve desde afuera.
Siglos después, Jesús enseñó exactamente el mismo principio, aplicado a la vida entera del creyente:
Mateo 5:14-15 (RVR1960) Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
CIERRE
* Ilustración: Unos trabajadores de la construcción en Miami, estaban demoliendo una casa antigua cuando, dentro de una de las paredes, encontraron una antigua Biblia. Estaba cubierta de polvo y sus páginas se habían vuelto amarillentas por el paso de los años. Al abrirla, encontraron una frase escrita a mano en la primera página: “Esta Biblia pertenece a nuestra familia. Si algún día nuestros hijos se alejan de Dios, que al encontrarla recuerden que hubo una generación que decidió buscarlo”. Tras revisarla encontraron nombres, fechas y breves oraciones. Una decía: “Señor, hoy no tenemos mucho, pero te damos gracias por tu cuidado”. Otra decía: “Dios, protege a mis hijos y enséñales a caminar contigo”. Uno de esos trabajadores por pura casualidad divina reconoció el apellido de uno de ellos. Esa casa había pertenecido a su bisabuelo. Él había crecido escuchando que su bisabuelo había sido un hombre de Dios. La Biblia había permanecido oculta dentro de la pared durante varias décadas. Esa noche, el hombre regresó a su casa, sacó la Biblia que tenía guardada en un cajón y reunió a sus hijos. Les contó lo que había encontrado y les dijo: “No quiero que la fe de nuestra familia vuelva a perderse. Quiero que ustedes la vean en nuestra casa y en nuestra manera de vivir de ahora en adelante”. Desde ese día comenzó un altar familiar, leían la Biblia y oraban juntos antes de dormir.
Padres, es nuestra responsabilidad compartir la fe con nuestros hijos, no de la Iglesia. Las familias transformadas siembran la fe en sus hogares. La Iglesia sólo las refuerza.
Hijos donde sus padres no se han rendido a Dios, háganlo ustedes.
Lo que usted decida hoy afectará generaciones de sus hijos. ¿Qué quiere para ellos? Empiece usted siendo su ejemplo.
Oremos—
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